En la actualidad se nos educa para orientarnos hacia los demás más que para estar en contacto con nosotros mismos. Tenemos metida en la cabeza la siguiente pregunta: “¿Qué quieren los demás que yo diga y haga?”

Una vez tenía un compañero de habitación que ponía la música a un volumen tan alto que no me dejaba dormir, y me preguntaron que era lo que sentía con eso. A lo que respondí: “Siento que por la noche no habría que poner la música tan alta”. Al decir la palabra “siento” seguida de “que”, la oración, pese a incluir el verbo “sentir”, en realidad no expresa mis verdaderos sentimientos, no tan solo opinión. Al tratar de expresar nuevamente mis sentimientos, dije: “Siento que si una persona se comporta de esta manera es porque sufre un transtorno de personalidad”. Pero con esto no mejoraba la cosa seguía siendo una opinión y no un sentimiento. Tras reflexionar un rato, me di cuenta de algo y respondí: “No siento absolutamente nada”.

Era obvio que si tenía sentimientos al respecto, pero lamentablemente no sabía cómo darme cuenta de ellos, y mucho menos, cómo expresarlos.

Los sentimientos versus la ausencia de sentimientos

El lenguaje suele dar pie a confusiones, como cuando utilizamos el verbo “sentir” cuando en realidad no estamos expresando un sentimiento. Por ejemplo, en la frase: “Siento que no he hecho un buen trato”, sería más adecuado decir “creo” que “siento”. En general, no expresamos claramente nuestros sentimientos cuando en una oración, después de “siento”, utilizamos palabras como las siguientes:

  • que: “Siento que tú deberías haberlo sabido”.
  • como: “Me siento como un fracasado”
  • como si: “Siento como si viviera con una pared”

Por otro lado, no es indispensable usar la palabra “sentir”. Podemos decir en lugar de “me siento irritado”, “estoy irritado”.

Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos de la reacción o comportamiento de los otros hacia nosotros

También es importante diferenciar cuando describimos lo que creemos que otras personas perciben de nosotros y la realidad.

“Siento que soy insignificante para mis compañeros en el trabajo”

La palabra “insignificante” describe cómo creo que los demás me evalúan, en lugar de ser un sentimiento verdadero, como podría ser: “me siento triste” o “me siento desalentado”.

  • incomprendido, indica la valoración que hago del nivel de comprensión de la otra persona en lugar de expresar un sentimiento real. Sería mejor decir “ansioso“, “molesto” o cualquier otra emoción.
  • ignorado, otra vez más es como creo que los demás actúan sobre mi en lugar de como me siento.

Cómo estos ejemplos existen otras palabras, a continuación dejaré una muestra de unas cuantas de ellas.

  • abandonado
  • despojado
  • manipulado
  • acorralado
  • despreciado
  • obligado
  • amenazado
  • estafado
  • olvidado
  • atacado
  • excluido
  • presionado
  • atrapado
  • explotado
  • rebajado
  • coaccionado
  • forzado
  • rechazado
  • degradado
  • humillado
  • subvalorado
  • desamparado
  • incomprendido
  • superfluo
  • desatendido
  • intimidado
  • traicionado
  • desdeñado
  • invisible
  • ultrajado
  • desfavorecido
  • maltratado
  • utilizado

Cualquiera de estas palabras en la frase anterior podría encajar pero ninguna de ellas expresan realmente un sentimiento de que sentimos en ese momento.

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