Comunicacion-no-violenta

Expresar agradecimiento mediante la comunicacion no violenta

“Tu informe es muy bueno.” “Eres una persona muy sensible.” “Anoche fuiste muy amable al ofrecerte a acompañarme a casa.” Estas son frases típicas de agradecimiento en nuestras vidas, y por sorprendente que parezca alienan de la vida. Si nos fijamos no revela nada de la persona que lo está emitiendo al mismo tiempo que emite juicios. Además de esto existen personas los usan porque “funcionan”, porque según los estudios demuestran que los empleados trabajan más si los elogias. Y es cierto, en primera instancia. Lo malo es que estos elogios van dirigidos sin pensar porque funcionan la persona que los recibe antes o después termina por darse cuenta y hace justamente el efecto contrario y su productividad cae en picado, pasando a sentirse manipulado. Cuando expresemos agradecimiento tenemos que hacerlo simplemente para eso, expresar agradecimiento, sin esperar nada a cambio. La única intención es celebrar la manera en la que la otra persona ha mejorado nuestra vida. Los tres componentes del agradecimiento La manera en la que tenemos que expresar un agradecimiento se puede dividir en tres componentes claros: Las acciones que contribuyeron a nuestro bienestar Las necesidades concretas que han quedado resueltas o satisfechas Los sentimientos que tenemos como resultado de la satisfacción A la hora de usar estos tres componentes no tiene porque ser en este orden específico incluso aveces, basta con un simple “Gracias” o una sonrisa. Sin embargo, si queremos estar seguros de que nuestro agradecimiento lo han recibido por completo, es valioso que lo desarrollemos con la elocuencia necesaria. La recepción de las expresiones de agradecimiento A muchos, entre los que me incluyo, nos resulta difícil recibir de corazón las expresiones de agradecimiento. Nos inquieta el pensamiento de que no nos merezcamos tales elogios, nos preocupa no estar a la altura de tales palabras. Acostumbrados a vivir en una cultura en la que comprar, ganar y merecer es la manera normal de intercambiar, el simple hecho de dar y recibir nos incomoda. El hambre de elogios Por mucho que lo negamos la mayoría de las personas queremos que se nos reconozca y se nos aprecie cuando hacemos algo bien. Es común que por mucho que hagamos de buena fe y actuemos de la mejor manera posible para ayudar se nos recrimine esa vez que nos equivocamos o no actuamos de manera correcta. Y más importante aún, es bastante común que como no se nos reconoce estamos más acostumbrados a prestarle mayor atención a los juicios negativos y reprimendas en contra de nuestra persona. Una vez alguien me hizo un símil que representa esto y decía así. “Después de un día andando por la calle 98 personas te dan un abrazo por haberles ayudado en sus vidas. Y por otro lado 2 te dan un bofetón en la cara porque esas acciones les han hecho mal. Al final del día en tú cabeza recuerdas esos dos últimos, les prestas toda la importancia y olvidarás los 98 anteriores.” Y suena duro y feo pero es la realidad en la mayoría de casos.

Como liberarnos nosotros y asesorar a los demas

En ciertas situaciones no somos conscientes ni nosotros mismos del “mal”, estámos tan acostumbrado a verlo en el día a día que lo consideramos parte de la “rutina” diaria. Para darnos cuenta de ellos hace falta una gran cantidad de energía y un alto nivel de conciencia. Esto requiere saber identificar las diversas necesidades y tener la capacidad de conectarse consigo mismo. En nuestra cultura ambas cosas son difíciles, no se nos ha enseñado nunca a conocer cuáles son nuestras necesidades y además están mal vistas. Cuando una persona dice que tienen una necesidad se la está viendo como una persona inmadura o inadaptada. Además estas personas son consideradas muchas veces como egoístas. Centrarnos en lo que queremos hacer y no en lo que salió mal. Tener la capacidad de distinguir nuestros propios sentimientos y necesidades y empatizar con ellos nos puede salvar de la depresión. Los profesionales que ejercen la psicoterapia y otras áreas similares también pueden usar la Comunicación No Violenta para establecer vínculos recíprocos y auténticos con las personas que consultan, en lugar de interpretar todo lo que dicen. … Cuanto mejor conozcas la gratitud, menos víctima serás del resentimiento, la depresión y la desesperación. La gratitud actuará como un elixir que irá disolviendo gradualmente esa dura corteza que envuelve tu ego —tu necesidad de posesión y de control— y hará de ti una persona generosa. El sentimiento de gratitud pone en marcha una auténtica alquimia espiritual, nos hace magnánimos— engrandece nuestra alma. SAM KEEN

El uso protector de la fuerza

Existen situaciones, excepcionales, em las cuales el uso de la fuerza es inevitable. Como por ejemplo cuando la otra persona no está dispuesta a comunicarse y el peligro es inminente. Son situaciones en las que el uso de la fuerza es necesario, pero para ello tendremos que diferenciar entre los usos protectores y los usos primitivos. Al usar la fuerza de manera protectora buscamos impedir daños o injusticias. La intención del uso de la fuerza de manera primitiva es la de hacer sufrir a la otra persona las consecuencias de sus malos actos. Cuando un niño trata de cruzar la calle corriendo sin mirar y vemos un coche, para evitar el daño ponemos en juego la fuerza protectora. Este puede ser ejercido tanto de manera física (sugetándo la mano para que no cruce) como psíquico (diciéndole “¡Estás loco como ibas a cruzar sin mirar!") El uso protector de la fuerza se basa en el supuesto de que hay personas que se comportan de una forma que puede resultar perjudicial para ellas o para los demás debido a la ignorancia. Por ello el proceso para corregir estas acciones debe consistir en educar, no en castigar. La ignorancia presupone: No tener conciencia de las consecuencias de nuestras acciones. Ser incapaces de ver cómo satisfacer nuestras necesidades sin perjudicar a los demás. Creer que tenemos “derecho” a castigar o herir a otras personas porque “se lo merecen”. Tener alguna idea delirante, como por ejemplo que “una voz” nos ordenó que matemos a una persona. EL precio del castigo Cuando decidimos hacer algo con el único objetivo de evitar el castigo, estamos desviando la atención del valor que tiene esta acción en si misma. En cambio, nos estamos centrando en las consecuencias de vendrán si no realizamos lo que se nos pide. Siempre que se recure a la fuerza punitiva, se deteriora la autoestima. Existen dos cuestiones que nos ayudaran a entender por qué es poco probable conseguir lo que queremos ayudándonos de un castigo para cambiar el comportamiento de los demás. La primera de ellas es la siguiente: “¿Qué quiero que haga esta persona de manera diferente de lo que hace ahora?” Si sólo nos planteamos esta pregunta puede parecer que el castigo es una buena vía para conseguir nuestro objetivo, conseguir influir en el comportamiento de la persona. Sin embargo, la segunda pregunta nos demuestra que es improbable que el castigo tenga efecto: “¿Qué razones quiero que tenga esta persona para hacer lo que le pido?” Con la segunda pregunta vemos que una vez la persona haga lo que le pedimos no tendrá razón para volver a hacerlo pues el miedo no estará siempre presente. No tendrá una recompensa por la que sienta que quiere hacer esto en otra ocasión.

La expresion plena de la ira

Para expresar la ira con la comunicación no violenta tenemos que desconectar de los demás la responsabilidad de que nosotros estemos furiosos. Es decir tenemos que eliminar ideas de nuestra cabeza tales como: “Él o ella me hizo que me pusiera furioso cuando hizo esto otro” Nunca nos enfadamos por lo que hizo la otra persona, lo que la persona haya hecho es solo un estímulo no la causa de nuestro enfado. La ira surge cuando nos enfadamos y buscamos culpables, es decir, cuando optamos por hacer el papel de Dios y juzgar o culpar a otra persona por haberse equivocado. Para que quede más claro el ejemplo anterior veremos como una misma conducta puede generar ira, frustración o agradecimiento en una persona. Supongamos que hemos quedado a una cierta hora con otra persona y esta llega tarde. Dependiendo de como nos encontremos podremos sentir estos tres sentimientos. Sentiremos ira si consideramos que llegar tarde a este tipo de encuentros es una falta de respeto y no nos está tomando en serio. Sentiremos frustración si necesitamos usar nuestro tiempo de la mejor manera posible y ahora hemos estado esperando por ella sin hacer nada. Sentiremos agradecimiento si nos hacía falta en ese día un tiempo de descanso y reflexión que nos ha venido dado por el estar esperando. Como podemos ver, tal como hemos dicho antes, nuestros sentimientos dependen de nosotros no de los actos del resto. El retraso en la cita con la persona es tan solo un estímulo. Por todo esto en lugar de indignarnos, es mejor pensar en nosotros mismos porque estamos así. Pensar en nuestras propias necesidades empatizar con ellas o con las de los demás. Esto es complicado y exige mucha práctica, durante la cual sustituiremos de manera sistemática el “Estoy enfadado porque ellos…” por “Estoy enfadado porque necesito…” Pasos para expresar la ira: Detenerse. Respirar profundamente. Identificar los pensamientos que contienen juicio. Conectarse con las propias necesidades. Expresar nuestros sentimientos y nuestras necesidades no satisfechas. A veces, entre los pasos 3 y 4 podemos optar por brindar empatía a la otra persona a fin de que esté en mejores condiciones para oírnos cuando nos expresemos en el paso 4.

La conexion con uno mismo a traves de la compasion

Quizás, la comunicación no violenta tenga su aplicación más importante en uno mismo. Como somos interiormente, si nos tratamos de manera violenta es difícil que seamos compasivos con los demás. Ante nuestras propias equivocaciones, solemos enredarnos en un sentimiento de odio hacia nosotros mismos en lugar de beneficiarnos de conocer una nueva limitación que tenemos con la que poder avanzar en nuestro crecimiento personal. Si la manera con la que nos evaluamos nos lleva a sentir vergüenza y con ello cambiamos nuestra conducta, hacemos que nuestro crecimiento y aprendizaje esté guiado por el odio que nos damos a nosotros mismos ¿cómo podemos pretender actuar de distinta forma con el resto de personas? Existe una expresión en nuestro idioma que tiene el gran poder de generar sentimiento de vergüenza y culpa. Es una expresión que parece inofensiva y usamos bastante para evaluarnos, está tan arraigada en nuestra conciencia que nos parece imposible prescindir de ella. Se trata de la expresión "debería". Cuando la usamos en la mayoría de las ocasiones nos estamos resistiendo a aprender ya que esta expresión implica que no había otra opción. Los seres humanos tenemos la necesidad de tener que elegir y cuando escuchamos una exigencia del tipo que sea solemos resistirla, incluso una exigencia camuflada con un debería. Recompensas Cuando actuamos estamos buscando de alguna forma una recompensa, bien puede ser dinero o simplemente conseguir la aprobación. En el segundo caso ocurre porque en nuestra cultura nos han inculcado que con cada “buena” acción obtendremos una “recompensa”. De niños nos han ensñado que después de una acción “buena” nos responderán con un “eres un buen niño” y una sonrisa, esto hace que de adultos seamos adictos a ello y nos engañemos creyendo que la vida consiste en obtener recompensas por cada cosa que hagamos. Con ello hacemos todo lo que haga bien para otras personas y evitamos todo lo que podría provocar desagrado o castigo. De esta manera lo único que hemos hecho ha sido vivir “comprando” el amor de otros en lugar de enriquecer la nuestra propia vida. Y lo más importante, si logramos optar por esta segunda parte y enriquecer la vida veremos que los demás nos lo agradecen. Este agradecimiento nos dará la auténtica alegría que ninguna aprobación de los demás conseguirá jamás. Al igual que este sentimiento de buscar aprobación existen otros como: Escapar del castigo (miedo) Evitar vergüenza Evitar sentimiento de culpa Porque es un deber

La recepcion empatica

Parafrasear lo que nos ha dicho el interlocutor puede ser de ayuda ya que al hacer esto estámos comprendiendo y empatizando con el mensaje que trata de darnos. Es por ello que en ocasiones sea una buena práctica parafrasear el mensaje que acaba de transmitirnos. ¿Cuando debo parafrasear y cuando no? Esto no se puede medir o dar una regla exacta, tenemos que saber en cada situación como actuar en función de distintos factores. Al final quien nos está dando el mensaje lo que quiere es que le prestemos atención y lo comprendamos, es por ello que confirmar que entendemos sus motivaciones y sentimientos al dar este mensaje ayuda a conectar mejor con él/ella antes de lanzarnos como locos a dar consejos o soluciones. Primero comprender después aconsejar. No empecemos con consejos rápidos, mensajes tranquilizadores, tratar de explicar cual es nuestra opinión o cómo nos sentimos antes de empatizar. Para dar empatía necesitamos tenerla Puede que esta frase suene absurda pero la realidad es esa, si queremos mostrar empatía hacia una persona primeramente necesitamos tener empatía. En caso de que no tengamos o no la suficiente podemos simplemente decirlo, podemos decirle que no podemos empatizar con él/ella y de esa forma la persona ve que queremos comprender su mensaje. Esto puede ser más que suficiente para que nos ofrezca lo que necesitamos.

Lo que pedimos a los demas para enriquecer nuestra vida

¿Cómo hago lo que no hay que hacer? Lo único que sé es que no quiero hacer lo que no hay que hacer La letra de esta canción pone de relieve los dos problemas que surgen cuando alguien pide una cosa en forma negativa. La gente se confunde y no sabe qué se le pide en realidad. Además, lo más probable es que las peticiones negativas provoquen resistencia en la persona que las recibe. ¿Cómo expresamos los que queremos pedir para conseguir que los demás respondan a nuestras necesidades de manera compasiva? La clave es expresar peticiones de manera positiva, es decir, evitar decir lo que no queremos. Porque en cierta medida el ser humano es vago y no queremos tener que estar pensando que solución darle a la petición de una persona que nos ha dicho que es lo que no quiere. Mejor si nos dice que es lo que quiere realmente y nosotros actuamos en consecuencia. ¿No es así? De todas formas ya no solo por vagueza, no existen dos personas que piensen de igual forma. Por ello es muy fácil que nosotros demos una idea ambigua o no exacta, como puede ser decir lo que no queremos y que la otra persona interprete una manera que no se nos había pasado por la cabeza. En el libro cuenta como una de sus alumnas en un taller estaba disgustada porque su marido pasaba mucho tiempo trabajando. Para mostrarle este sentimiento le dijo: “Me gustaría que pasaras menos tiempo con el trabajo”. Lo que ocurrió fue que su marido a la semana siguiente haciendo caso de su petición se apuntó a un torneo de golf. Esta chica cuenta como no era lo que esperaba, es más, era aún peor ya que lo que ella quería realmente era que su marido pasara más tiempo con ella y su hija. Tras el curso fue nuevamente a hablar con él y esta vez de manera afirmativa le dijo: “Pasas demasiado tiempo en el trabajo y eso me deprime, me gustaría que al menos una vez por semana pasaras una tarde con los niños y conmigo”. Esta vez tuvo un resultado mejor. De igual manera un lenguaje vago hace que la otra persona interprete lo que mejor le parece a él y casi nunca coincide con lo que nosotros queríamos en realidad. Es por eso que frases como: “Me gustaría que fueras más responsable”, “Quiero que dejes ser quien soy”, etc. sean tan vagas que no sabemos realmente porque lo dicen. Si en lugar de eso dijésemos otras frases como: “Quiero que cuando te diga que hagas algo lo hagas sin rechistar y con una sonrisa” en lugar de simplemente “ser mas obediente” no habría lugar para la interpretación. O “Quiero que cuando hago las cosas bien me digas con una sonrisa lo bien que lo hago” en lugar de “quiero que me dejes ser quien soy” al igual que en el ejemplo anterior dejamos claro cual es nuestro deseo y como queremos que se cumpla. De esta manera la otra persona no puede hacer una mala interpretación y aún mejor no tendrá que pensar como interpretarlo o que hacer al respecto. Un lenguaje vago aumenta la confusión interna. La depresión es el premio que obtenemos por ser ‘buenos’. Por otro lado es igual de peligroso pedir algo sin mostrar sentimientos, en ese caso las peticiones pueden sonar como exigencias. Esto hace que hacia quien va dirigida la petición no la reciba de la mejor forma, por ejemplo unos padres que dicen a su hijo: “¿Y si te cortas el pelo?” suena a exigencia por parte de ellos, pero si cambiasen el mensaje a algo similar a: “Me preocupa que tengas el pelo tan largo y no veas bien, sobre todo cuando vas en bicicleta. ¿Y si te cortas el pelo?” Solicitemos la confirmación de nuestras palabras Por raro que pueda parecer, sobre todo al principio debemos pedir a nuestro interlocutor que nos confirme el mensaje que le hemos dado. En muchos casos veremos que con la confirmación hemos expresado mal algunas partes del mensaje y ha interpretado lo que ha creído conveniente. También es importante que agradezcamos cuando se nos confirma el mensaje, además de brindarle empatía a quien sabemos que no quiere confirmar el mensaje. Las peticiones a un grupo En ocasiones empezamos un debate de grupo y la misma persona que lo inicia no sabe como acabarlo. Esto ocurre porque muchas veces ni la misma persona que lo inicia sabe cuando acabarlo porque ni el mismo sabe que esperar de esa conversación que se ha iniciado. Es por esto que es importante que antes de comenzar un debate pensemos que queremos obtener de hacer esta pregunta o comentario, el resto de personas no lo saben, así que al menos debemos saberlo nosotros mismos y debemos dejarlo claro al comenzar. Y, en el mejor de los casos, cuando realmente si conoce que quiere conseguir del tema que él/ella mismo ha sacado no sabemos como parar. En la india existe un término llamado “bas” que se usa para esto, cuando la persona que ha iniciado un tema ya está conforme con la respuesta recibida por parte del grupo dice “bas” y se puede dar por concluida para poder continuar con otro tema. En nuestra lengua no existe tal término pero podemos indicar de otra forma que ya estamos conformes. Las peticiones versus las exigencias Es difícil saber diferenciar entre una exigencia y un petición, para ello tendremos que observar que hace el interlocutor si no se cumple la petición. Por ejemplo, supongamos que Pepe quiere que María se quede con él esta tarde porque se siente solo. Veamos la situación de dos formas distintas. Situación 1: Pepe: Me siento solo y me gustaría que pasaras la tarde conmigo María: Mira, Pepe, estoy muy cansada. Si quieres compañía, ¿que te parece si se lo pides a otra persona? Pepe: (enfadado) ¡Tan egoísta como siempre! Situación 2: Pepe: Me siento solo y me gustaría que pasaras la tarde conmigo María: Mira, Pepe, estoy muy cansada. Si quieres compañía, ¿que te parece si se lo pides a otra persona? Pepe: (se queda sin saber que responder) María: (nota que está disgustado) ¿Estás enfadado? Pepe: No María: Vamos, Pepe, ¿que te pasa? Pepe: Sabes perfectamente que me siento muy solo. Si me quisieras de verdad, esta tarde te quedarías conmigo. Como podemos ver en ambas situaciones Pepe intenta hacer sentir mal a María de manera que trata de exigir que pase con ella la tarde. Sin embargo si Pepe respondiese, por ejemplo: “María, ¿estás agotada y necesitas descansar esta tarde?" Escuchando la respuesta y preocupándose por ella, estaríamos viendo una petición. Es una exigencia si nuestro interlocutor intenta que nos sintamos culpables

Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos

Asumir la responsabilidad de nuestros sentimientos Otro de los componentes de la comunicación no violenta es reconocer el origen de nuestros sentimientos. Nuestros sentiemientos son el resultado de cómo elegimos tomarnos lo que dicen y hacen los demás. Cuando alguien nos transmite un mensaje negativo, tenemos cuatro opciones con respecto a la manera de recibirlo. Una es tomárselo de manera personal, captando en él acusaciones y críticas. Por ejemplo, alguien nos dice: “¡Eres la persona más egocéntrica que he conocido en mi vida!” Nos lo podemos tomar de las siguientes formas y responder de estas formas: Personal: “Sí, debería ser más sensible con los demás”, aceptamos el punto de vista del otro y nos echamos la culpa. Lo más probable es que en ese momento nos sintamos culpables, avergonzados y deprimidos. Culpa del otro: “No tienes derecho a decirme esto. Siempre tengo en cuenta tus necesidades. ¡Tú eres el egocéntrico!”, lo más probable es que sintamos rabia en este momento. Nuestros sentimientos: “Cuando me dices que soy la persona más egocéntrica que conociste en tu vida, me siento herido, porque yo querría que reconocieras los esfuerzos que hago para tener en cuenta tus preferencias”, al centrarnos en nuestros sentimientos y necesidades, tomamos conciencia de que sentirnos heridos en esta circunstancia viene dado de la necesidad de que nos reconozcan los esfuerzos que hacemos. Sentimientos del otro: si tenemos en cuenta los sentimientos que puede sentir la otra persona y tratamos de comprenderlos, podríamos preguntarle, por ejemplo: “¿Te sientes herida porque necesitas que se tomen en cuenta tus preferencias?” Distinguir entre dar desde el corazón y estar motivados por la culpa Existen algunas expresiones de uso común que tienden a enmascarar la responsabilidad por nuestros propios sentimientos. Como pueden ser las de carácter impersonal: “Me indigna descubrir faltas de ortografía en los folletos destinados al público.” “Este tipo de cosas me saca de quicio”. Afirmaciones que sólo hacen referencia a lo que hacen los demás: “Me duele que no me felicites el día de mi cumpleaños”. “Si no te terminas la comida, mamá se pondrá muy triste.”. Usar la expresión “me siento … X porque … Y” siendo ´Y´ algo distinto de “yo": “Me siento triste porque dijiste que no me quieres”. “Estoy enojado porque la supervisora no cumplió lo prometido” En todos estos ejemplos podemos ahondar más en la conciencia de nuestra responsabilidad utilizando la expresión: “Me siento … porque yo …” “Me indigna descubrir faltas de ortografía en los folletos destinados al público porque me gustaría que nuestra empresa proyectase una imagen profesional.” “Si no te terminas la comida, mamá se siente decepcionada, porque quiero que crezcas fuerte y sano.” “Estoy enojado al ver que la supervisora no cumplió su promesa, porque yo había contado con ese fin de semana largo para ir a visitar a mi hermano.”

Dar desde el corazón

Dar desde el corazón Los 4 componentes de la CNV: Observación Sentimiento Necesidades Petición Por ejemplo una madre podría manifestar esos tres aspectos del proceso diciéndole a su hijo adolescente: “Félix, me molesta (sentimiento) ver dos calcetines sucios hechos una bola debajo de la mesita del café (observación) y otros tres al lado del televisor, porque estoy necesitando (necesidad) más orden en las habitaciones de la casa que compartimos” Acto seguido la madre abordaría el componente número cuatro, que es una petición muy específica: “¿Estarías dispuesto a recoger los calcetines y llevártlos a tu habitación o meterlos en la lavadora?” Con este método nos limitamos a decir hechos concretos y como nos sentimos, respecto a estos. De esta forma no estamos dando pié a la discursión, pues nuestros sentimientos son irrevatibles, nadie puede saber como nos sentimos para entrar en una discursión. Además de esto añadimos una solución, de manera que le damos a la otra persona la solución del problema para que no tenga que pensar si quiera. Actos concretos que observamos que están afectando nuestro bienestar. Cómo nos sentimos en relación con lo que observamos. Las necesidades, los valores, los deseos, etc., que dan origen a nuestros sentimientos. Las acciones concretas que pedimos para enriquecer nuestra vida. Es importante tener en cuenta que la comunicación no violenta, no consiste únicamente en como nos expresamos respecto a los demás, también tiene un importante segundo componente. Tenemos que escuchar de manera empática a la segunda parte de la conversación. La CNV tiene dos partes: Expresión honesta mediante los cuatro componentes. Recepción empática mediante los cuatro componentes. De nada sirve comunicar lo que queremos si luego no tenemos en cuenta la opinión del otro, no solo escuhándola, si no teniendo en cuenta lo que dice y empatizando con él. Pudiendo llegar a entender su razonamiento y porque siente que tiene más validez que el nuestro.

Identificar y expresar los sentimientos

Identificar y expresar los sentimientos En la actualidad se nos educa para orientarnos hacia los demás más que para estar en contacto con nosotros mismos. Tenemos metida en la cabeza la siguiente pregunta: “¿Qué quieren los demás que yo diga y haga?” Una vez tenía un compañero de habitación que ponía la música a un volumen tan alto que no me dejaba dormir, y me preguntaron que era lo que sentía con eso. A lo que respondí: “Siento que por la noche no habría que poner la música tan alta”. Al decir la palabra “siento” seguida de “que”, la oración, pese a incluir el verbo “sentir”, en realidad no expresa mis verdaderos sentimientos, no tan solo opinión. Al tratar de expresar nuevamente mis sentimientos, dije: “Siento que si una persona se comporta de esta manera es porque sufre un transtorno de personalidad”. Pero con esto no mejoraba la cosa seguía siendo una opinión y no un sentimiento. Tras reflexionar un rato, me di cuenta de algo y respondí: “No siento absolutamente nada”. Era obvio que si tenía sentimientos al respecto, pero lamentablemente no sabía cómo darme cuenta de ellos, y mucho menos, cómo expresarlos. Los sentimientos versus la ausencia de sentimientos El lenguaje suele dar pie a confusiones, como cuando utilizamos el verbo “sentir” cuando en realidad no estamos expresando un sentimiento. Por ejemplo, en la frase: “Siento que no he hecho un buen trato”, sería más adecuado decir “creo” que “siento”. En general, no expresamos claramente nuestros sentimientos cuando en una oración, después de “siento”, utilizamos palabras como las siguientes: que: “Siento que tú deberías haberlo sabido”. como: “Me siento como un fracasado” como si: “Siento como si viviera con una pared” Por otro lado, no es indispensable usar la palabra “sentir”. Podemos decir en lugar de “me siento irritado”, “estoy irritado”. Distingamos entre lo que sentimos y lo que pensamos de la reacción o comportamiento de los otros hacia nosotros También es importante diferenciar cuando describimos lo que creemos que otras personas perciben de nosotros y la realidad. “Siento que soy insignificante para mis compañeros en el trabajo” La palabra “insignificante” describe cómo creo que los demás me evalúan, en lugar de ser un sentimiento verdadero, como podría ser: “me siento triste” o “me siento desalentado”. incomprendido, indica la valoración que hago del nivel de comprensión de la otra persona en lugar de expresar un sentimiento real. Sería mejor decir “ansioso”, “molesto” o cualquier otra emoción. ignorado, otra vez más es como creo que los demás actúan sobre mi en lugar de como me siento. Cómo estos ejemplos existen otras palabras, a continuación dejaré una muestra de unas cuantas de ellas. abandonado despojado manipulado acorralado despreciado obligado amenazado estafado olvidado atacado excluido presionado atrapado explotado rebajado coaccionado forzado rechazado degradado humillado subvalorado desamparado incomprendido superfluo desatendido intimidado traicionado desdeñado invisible ultrajado desfavorecido maltratado utilizado Cualquiera de estas palabras en la frase anterior podría encajar pero ninguna de ellas expresan realmente un sentimiento de que sentimos en ese momento.

La comunicación que bloquea la compasión

La comunicación que bloquea la compasión La comunicación que nos aliena de la vida surge de las sociedades jerárquicas o de dominación, y las sustenta. Cuando los pueblos están controlados por un número pequeño de individuos que buscan el beneficio propio, a los reyes, zares, nobles, etc., les resulta muy útil que las masas se eduquen con una mentalidad de esclavos. A tal efecto, el lenguaje de lo incorrecto y de expresiones como “deberías” y “tienes que” es totalmente adecuado para ese propósito: cuanto más acostumbramos a las personas a pensar en términos de juicios moralistas que implican lo que está mal o incorrecto, tanto más aprenden a mirar hacia fuera de sí mismos. la comunicación que aliena de la vida tiene profundas raíces filosóficas y políticas Los juicios moralistas Los juicios moralistas, ciertas formas de comunicación nos alienan de nuestro estado natural de compasión o solidaridad. Estos juicios se reflejan en comentarios como: “Tu problema es que eres muy egoísta”, “Eres una perezosa”, “Están llenos de prejuicios”, “Esto es inapropiado”. Echar la culpa a laguien, insultarlo rebajarlo, ponerle etiquetas criticarlo, establecer comparacion y emitir diagnósticos son distintas maneras de formular juicios. Es importante no confundir los juicios de valor con los juicios moralistas. Todos hacemos juicios de valor con respecto a las cosas de la vida que estimamos. Podemos valorar, por ejemplo, la honradez, la libertad o la paz. Los juicios de valor reflejan nuestras creencias con respecto a cómo podría mejorar la vida. En cuanto a los juicios moralistas, los hacemos en relación con las personas y conductas cuando no concuerdan con nuestros juicios de valor. Decimos, por ejemplo, “La violencia es mala. Quien mata a otro ser humano es malvado”. En lugar de usar “Me asusta el uso de la violencia para resolver conflictos; yo valoro el empleo de otros medios en la resolución de los conflictos humanos” Clasificar y juzgar a las personas promueve la violencia Las comparaciones son una forma de juicio Negación de la responsabilidad El lenguaje que solemos usar oscurece la conciencia de nuestra responsabilidad personal El uso de una expresión tan abitual “tener que”, como en el caso de la afirmación: “Te guste o no, tienes que hacerlo”, ilustra hasta qué punto nuestra responsabilidad personal por nuestras acciones se ve oscurecida por esta manera de haber. En cuanto a la expresión “hacer sentir”, como en el caso de “Me haces sentir culpable”, constituye otro ejemplo más de cómo el lenguaje nos allana el camino para que podamos negar nuestra responsabilidad personal con respecto a lo que sentimos y a lo que pensamos. Negamos la responsabilidad de nuestros actos cuando atribuimos su causa a: Fuerzas difusas e impersonales: “Limpié mi habitación porque tenía que hacerlo” Nuestro estado de salud, un diagnóstico o nuestra historia personal o psicológica: “Bebo porque soy alcohólico” Lo que hacen los demás: “Le pegué a mi hijo porque cruzó la calle corriendo” Órdenes de la autoridad: “Mentí al cliente porque mi jefe me dijo que lo hiciera” Presiones de grupo: “Empecé a fumar porque todos mis amigos lo hacían” Políticas, normas y reglas institucionales: “Tengo que expulsarte por esta infracción porque es la política de la escuela” Los roles asignados según sexo, posición social o edad: “Me fastidia ir a trabajar, pero tengo que hacerlo porque soy marido y padre”. Impulsos irrefrenables: “Me superaron las ganas de comer bombones y me los comí” Cuando pensamos que “alguien merece algo” bloqueamos la comunicación compasiva

Observar sin evaluar

Observar si envaluar Si combinamos la observación y la evaluación seguramente la otra persona escuchará una crítica La comunicación no violenta, no nos dice que seamos totalmente objetivos ni tampoco que nos abstengamos de hacer evaluaciones. Lo único que nos dice es que mantengamos una separación entre nuestras observaciones y nuestras evaluaciones. Comunicación Ejemplo observación con evaluación Ejemplo observación sin evaluación Uso del verbo “ser” sin indicar si la persona que evalúa acepta o no la responsabilidad de la evaluación Eres demasiado generoso Cuando te veo darle a alguien el direno para tu almuerzo, creo que eres demasiado generoso Uso de verbos con connotaciones evaluativos Pepe siempre posterga las cosas Pepe sólo estudia para los exámenes la noche anterior Dar por sentado que las inferencias que uno hace de las ideas, los sentimientos, los proyectos y los deseos de otra persona son las únicas posibles No terminará el trabajo a tiempo No creo que termine el trabajo a tiempo Confundir una predicción con una certeza Si tu alimentación no es equilibrada, vas a enfermarte Si tu alimentación no es equilibrada, temo que te enfermes No ser específico al citar ejemplos Las minorías no cuidan su vivienda No he visto que la familia que vive en el número 123 de la calle Pepe retire la nieve de la acera de su casa Usar palabras que implican habilidad sin precisar que se hace una evaluación Pepe Pérez juega mal al fútbol Pepe Pérez no ha marcado un gol en veinte partidos Usar adverbios y adjetivos de maneras que no indiquen que se hace una evaluación Pepito es feo No encuentro a Pepito físicamente atractivo Palabras como “a menudo” o “rara vez” contribuyen también a confundir la observación con la evaluación. Evaluaciones Observaciones Raras veces haces lo que quiero Las tres últimas veces que empecé una actividad, me dijiste que no querías hacerla A menudo viene sin avisar Viene sin avisar al menos tres veces por semana